jueves, 17 de septiembre de 2009

Hablar de sexo, derribar mitos



Orgasmos fingidos: ¿Qué lleva a las mujeres a mentir?


Más allá de las diferencias sexuales y del paso del tiempo, el tema tabú sobre los orgasmos femeninos sigue sin develarse. En esta nota te ayudamos a entender los motivos por los cuales al género femenino le sigue costando sincerarse entorpeciendo, algo tan importante, como es la comunicación entre la pareja.


Si bien se sabe que las mujeres y los hombres poseen varias diferencias tanto físicas como mentales, a la hora del sexo nadie se imagina cuán desiguales son. Más allá de que poco a poco los tabúes sobre el tema vayan disminuyendo, sigue habiendo misterios sin develar. Uno de ellos, y quizás, el más popular es el orgasmo femenino.

Según la ginecóloga Patricia Villabril “es normal que la mujer no siempre tenga orgasmos cuando el hombre los tiene, ya que tienen respuestas sexuales distintas”. El problema de fingir o no fingir no es la cuestión, sino el interrogante que se hace todo hombre: “¿qué las lleva a mentir? ¿Temen humillarnos?”.

El orgasmo, tanto en las mujeres como en los hombres, consta de cuatro fases: La primera es la excitación, en esta etapa el pene se agranda y endurece, en cambio en las mujeres la vagina se lubrica. Luego, en la fase meseta, la respiración se entrecorta, las pulsaciones son altas y todos los efectos de la excitación aumentan. La tercera etapa es el orgasmo, que es conocido como el periodo más corto, ya que dura apenas unos segundos. La respiración y las pulsaciones llegan a su máxima intensidad, se producen contracciones musculares involuntarias que proporcionan gran placer y en el caso de los hombres la eyaculación. La última etapa se denomina resolución, es el regreso al reposo y puede tomar desde cinco a 60 minutos.

En ambos casos es un proceso continuo durante la respuesta sexual que no tiene un inicio ni un final determinado. El ciclo masculino demora entre tres a cinco minutos, a diferencia del femenino que tarda aproximadamente unos quince. Este es uno de los motivos por el cual muchas mujeres no logran alcanzar el climax a lo largo de la penetración: “No es que la mujer sea lenta, el hombre es muy rápido y debe esforzarse en hacer un trabajo previo más intenso (ejemplo: caricias, sexo oral, etc.) para que la mujer se lubrique y pueda satisfacerse completamente a lo largo del acto sexual”, explica la la especialista.

Según los números, Villabril, afirma que: “sólo el 35 por ciento de las mujeres consiguió alguna vez un orgasmo por penetración (siempre acompañada de estimulaciones en el clítoris) y un 30 por ciento no lo diferencia de sus sensaciones emocionales, ya que nunca ha experimentado uno”.

Más de 50 mujeres, de distintas edades, fueron entrevistas acerca de los orgasmos fingidos; la mayoría aseguró que lo hace para no acomplejar al otro, unas quince chicas explicaron que no quieren humillar a sus novios, siete mujeres insistieron sobre lo difícil que seria hacerle entender a los hombres que no siempre tienen orgasmos en el acto de la penetración, pero de todas manera disfrutan y el resto tan sólo lo hizo para no herir a su pareja. Igualmente, casi todas se basan en el mismo argumento: “Al hombre no le interesa comprobarlo, simplemente cree que la mujer disfrutó y seria incapaz de fingir”, agrega Laura, novia de Lucas hace más de un año.


“El orgasmo fingido tiene que ver con las generaciones antiguas, cuando culturalmente el sexo era un tema tabú y si el hombre no satisfacía a la mujer, su rol de “macho” estaba en juego. Antes el hombre era activo y la mujer pasiva, ahora las cosas cambiaron y tienen los dos el mismo rol”, explica la especialista.

“Obviamente esto sigue ocurriendo, pero en menor medida, ya que las parejas se interesan en hablar los temas y en comunicarse qué es lo que les gusta”, remarcó Villabril.

En una pareja sana y estable el diálogo honesto es indispensable. En tanto, a modo de consejos, la ginecóloga señala que hay que conversar fluidamente acerca del quehacer íntimo y no hay que callar este tipo de cuestiones por miedo a humillar o provocar enojos o heridas, porque a la larga el disfrute en pareja se logra con una buena comunicación.

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