jueves, 25 de junio de 2009

El oficio para sobrevivir

"Yo no viajo para hacer artesanías, yo hago artesanías para viajar"

La historia de un adolescente que sólo con quince años se alejó de su familia y abandonó el colegio, para vivir su vida tal como anhelaba desde un principio: sin rutinas ni preocupaciones.
.
Disculpá, ¿no me queres comprar algún arito? No llego a juntar la plata que necesito para pagar la pensión- exclamó un muchacho de unos 25 años, con tono extranjero, mostrando una caja donde había más de treinta variedades.
.
Este joven atrevido y simpaticón se llama Henrique. Nació en Brasil el 28 de enero de 1985, y anda rondando por distintas calles de la Capital Federal (la preferida por comopolista es la transitada calle Florida, donde vendedores ambulantes se encuentran tanto de día como de noche) ofreciendo su verdadero oficio.

Su historia de vida no es casual, ya que vivió toda su infancia con su familia (padre, madre y dos hermanos) en San Pablo y a los quince años decidió marcharse porque creía que no estaba disfrutando su vida tal como le hubiese gustado. Al "liberarse de sus padres", alquiló un cuarto con un amigo para tener un lugar fijo donde poder dormir, y consecuentemente abandonó el colegio (le faltaban tres años para concluir el ciclo secundario).

De esa manera, se vio obligado a buscar algún trabajo con el cual poder mantenerse. No le fue difícil, ya que con un poco de astucia decidió ahondarse en el mundo de la bijouterie. Con un par de alambres, otros tantos accesorios y un poco de técnica adquirida con los años, fue convirtiendo sus creaciones en un verdadero oficio, que practica hace casi diez años: "Nunca me gustó la idea de manguear plata sin que la gente se lleve nada a cambio. Sólo pido que me compren, y que paguen por mis artesanías", explicó el joven nómada.

Al referirse al estilo de vida que lleva, admitió que odia la rutina, y tan sólo busca hacer lo que le gusta: recorrer para ir conociendo diferentes países, culturas y personas: "Yo no viajo para hacer artesanías, yo hago artesanías para viajar".
.
No tiene un punto seguro de regreso en el mapa, ni un lugar fijo donde dejar sus cosas, es por eso que se maneja con escasa ropa y poca plata y día a día va improvisando sobre la marcha sus destinos o actividades. Tampoco tiene horarios de trabajo, cuando le pinta vende y cuando no, se queda tranquilo en alguna pensión barata construyendo más productos: "No me gusta la rutina, pero a la vez no tener una rutina hace que tenga una rutina", se contradijo el joven brasilero.

Nadie le enseñó sobre su oficio, él fue aprendiendo solo, mirando a los diferentes artesanos, copiando las técnicas y luego mezclándolas: "Tengo mi propio estilo. Con el tiempo vas mejorando, los primeros años mi artesanía era una mierda, la gente me compraba sólo por lástima. Ahora realmente me gusta lo que hago, es más prolijo, más trabajado", admitió Henrique, el chico de 25 años.

No hay comentarios:

Publicar un comentario